Primer cumpleaños de Recetas de Tia Alia: Brazo de nata y fresas.

Mi querida amiga Carmen y compañera del Reto mensual, me escribía hace unos días comunicándome el primer cumpleaños de su blog, Recetas de Tía Alia y el concurso que había organizado para celebrarlo.

Nos pedía nuestra participación publicando una receta familiar acompañada de una pequeña historia y aquí estoy para unirme a ella en la celebración y desearle muchos años mas para que nos siga deleitando con sus recetas y sus entradas llenas de ingenio y cariño. Muchísimas felicidades Carmen! 

Tras la emotiva entrada del día 1 de Abril, vamos a otra, parece que una vez abierto ese armarito donde guardamos nuestros recuerdos mas antiguos, cuesta cerrarlo porque ellos siguen brotando espontáneamente. Y lo aprovecho para cumplir con sumo gusto con mi querida amiga.

Como muchos de vosotros sabeis, he sido muy mala comedora de pequeña, que no ahora que me encanta probarlo todo, es por ello que sólo conservo recuerdo de aquellas cosas que realmente me gustaban y eran bien pocas y casi todas dulces, así que el abanico de posibilidades es mas bien pequeño.

Tras mucho estrujarme los sesos para intentar recordar una receta, y barajando varias de las pocas posibilidades, siempre venían a mi mente las fresas con nata, la llegada de la primavera y el ritual que suponía para los domingos de Abril y Mayo.

En aquellos tiempos, la llegada de la primavera suponía colgar el chaquetón del colegio hasta el curso siguiente. Era un chaquetón horroroso, con unas espigas en blanco y negro que parecía que íbamos de medio luto. 

Dejar el chaquetón en casa significaba que se acercaba el buen tiempo, el sol era mas radiante, la luz mas intensa y los días más largos.

Recuerdo las procesiones del colegio dedicadas a la Virgen en el mes de las flores. El colegio tenía un gran parque, tan grande que formaba parte de su nombre, Parque-Colegio de Santa Ana, y allí nos teníais a todas en fila con nuestro uniforme requeteplanchado por nuestras madres y nuestras blusas blanco nuclear, con flores en las manos dando la vuelta al parque hasta llegar a la capilla para ofrecer nuestras flores a la Virgen.

Era también época de comuniones que se celebraban en el mismo colegio y todas las niñas del mismo curso la tomábamos a la vez aunque se hacían varios grupos porque éramos muchas. Otro motivo para hacer los grupos era la elección del trajecito de comunión porque nos dejaban elegir entre el vestido de “hueco” o el de “monjita”.

A mi no me hacían gracia esos vestidos huecos, porque las niñas se me asemejaban a novias empequeñecidas por algún extraño artefacto y al verlas enfundadas en ellos me preguntaba si se verían igual el día de su boda con unos centímetros de mas, y para mi eso era como repetir modelo, presumida que es una, así que me decidí por el  modelito monjil, una discreta y sencilla túnica rematada con una toca en la cabeza bajo la cual llevaba una pequeña coroma de flores, sencillas sandalias y rosario de madera.

BlauKitchen con la Hermana Felisa

No fue hasta que vi las fotos de la comunión que me di cuenta que si ellas parecían novias diminutas nosotras lo hacíamos a monjas en miniatura! no se cómo no lo pensé antes porque cambiando el color blanco por el negro que usaban las hermanas éramos su fiel reflejo. Que despago! ¿que era peor ser novia enanita o minimonja? nunca pude responderme a esta pregunta. 

También eran las fechas en que preparábamos el festival de fin de curso y todos los santos días ensayábamos. Los ensayos eran multitudinarios y parecía que preparábamos una representación circense. Montones de niñas pertrechadas con cintas, aros, mazas y pelotas danzaban por doquier al unísono haciendo las mil y una piruetas con el propósito de sacar lo mejor de sí mismas para sorprender a los familiares que año tras año venían a ver  el resultado de tanto esfuerzo. 

Yo que era una especie de palo flexible y siempre se me dió bien la clase de gimnasia, me lo pasaba bomba en estas fechas y hasta aprovechaba el rato de recreo para subirme a los aparatos gimnásticos que se amontonaban en un rincón del parque porque no teníamos gimnasio.

Lo del gimnasio siempre fue un misterio para mi, porque desde que tuve uso de razón pagábamos religiosamente -nunca mejor dicho- a las monjas, la construcción del mismo pero nunca vimos poner ni siquiera la primera piedra. Tengo entendido que muchos años después de salir del cole se construyó y aunque no tuve la suerte de disfrutarlo, seguro que muchas niñas si han podido hacerlo.

Los domingos por la tarde íbamos a visitar a los yayos paternos, Guillermo y Mercedes, pero comíamos en casa y para mi lo mejor de la comida era el postre: las fresas con nata. Por la mañana acompañaba a mi padre a un ultramarinos del centro de la ciudad que ya no existe, se llamaba Silvestre y estaba en la calle Conde Salvatierra de Alava, en nuestra ciudad, Valencia. Aprovecho la oportunidad para lamentar el inminente cierre de otra de las grandes mantequerías de la ciudad, Castillo, un lugar emblemático que cierra sus puertas abiertas desde el año 1916. Señor Castillo, siempre recordaré su buen trato y magníficos productos.

Silvestre era un lugar mágico, nada mas entrar nos recibía el aroma de las fresas en sus cestitas y a su lado las cajas de cartón en las que nos llevaríamos la nata que siempre comprábamos sin azúcar. Creo que nunca he comido una nata como aquella, tenía una textura y un montado excelente, para mi era la mejor nata del mundo.

Cogidos de la mano, papá y yo caminábamos de regreso a casa cruzando el Puente del Mar, un bello paso peatonal sobre el río Turia del siglo XVI y de allí por la Alameda, refugiándonos del sol bajo la arboleda llegábamos con nuestro tesoro en las manos.

Mi madre nos servía el postre en unos pequeños cuencos de cristal rosa con florecitas que aun conservo, yo os lo presento en forma de brazo y espero que os guste. 

Ingredientes y preparación del brazo de nata y fresas:

  • 4 huevos XL
  • 100 gr. de azúcar
  • 120 gr. de harina
  • 1/2 kilo de fresones
  • unas florecitas de fondant
  • 500 ml de nata para montar
  • 50 gr de azúcar glacé
  1. Precalentar el horno a 180ºC, arriba y abajo y turbo.
  2. Preparar un molde rectangular forrándolo con papel de horneado, ligeramente engrasado, lo suficiente para que se adhiera el papel.
  3. Batir los cuatro huevos con el azúcar hasta que quede una crema blanquecina y suave y haya triplicado su volumen.
  4. Tamizar la harina e ir incorporándola a la masa anterior con una espátula y con sumo cuidado para que no pierda el aire que le hemos incorporado.
  5. Echar la masa en el molde, aplanar e igualar con la espátula e introducir en el horno a 180ºC durante 7 minutos.
  6. Transcurrido el tiempo, sacar el molde del horno y volcarlo sobre un paño de cocina fino.
  7. Sin dejar que se enfríe el bizcocho, lo enrollamos sobre sí mismo y lo dejamos enfriar.
  8. Montaremos la nata con el azúcar glacé, cortaremos unos fresones en pequeños tacos para unirlos a la nata y laminaremos otros que nos servirán de adorno.
  9. Desenrollamos el bizcocho, despegamos el papel con cuidado y lo rellenamos con la nata y los fresones, lo enrollamos de nuevo y lo cubrimos con mas nata y los fresones laminados.
Feliz cumpleblog amiga Carmen! 

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