Marina Blaukitchen

El Mercado Central de Valencia II

Un poco de historia del Mercado Central de Valencia, su plaza y calles adyacentes.

Para aquellos que quieran saber mucho mas de este mercado, su plaza y la ciudad de Valencia.

El mercado surgió en la Valencia árabe, alrededor de la mezquita, en un laberinto de calles y plazuelas cuya nomenclatura ha sido elocuente testimonio: la plaza de la Virgen se llamó de la Paja; la que ocupaba el solar donde se construyó el Aula Capitular, de las Gallinas; la del Arzobispo, de la Fruta; y otra inmediata, la de la Hierba.

Por motivos económicos se consideró construir el Mercado Nuevo; mercado descubierto bajo pórticos exentos, desarrollados tras una fachada principal y adaptándose a los espacios irregulares ocasionados por el derribo.

El carácter permanente del mercado data de tiempos de Pere el Ceremoniós, quien había ordenado a los Jurados de la Ciudad la edificación de unas nuevas murallas. En las antiguas, por no parecer suficientes las puertas de Tudela y de la Boatella, se abrió un boquete que comunicaba el casco antiguo con el mercado, originando posteriormente la calle del Trench.

El desenvolvimiento mercantil se consolidó; y a partir de 1344 comienza a funcionar la Lonja de los Mercaderes, compartiendo con el Tribunal del Consulado un edificio en la plaza del Collado, que luego se destinaría a Lonja del Aceite distribuyéndose los almacenes por toda la ciudad: de trigo, en el Almudín; de aves, cacharrería y vidrio, en la plaza Redonda; de arroz y frutos secos, en la Lonja; de sal, en el Temple; de paja y algarrobas, en la plaza de la Encarnación; de caballerías, en el Llano del Remedio; de esparto, en la plaza de Mosén Sorell; de tejidos y mantas, en las calles de Mantas y Bolsería; y de pescado, en la calle del Trench; mientras que los habituales de alimentación se instalan en las plazas del Mercado, Congregación y Mosén Sorell.

La fama del Mercado de Valencia transciende a Europa y aquí vienen a establecerse los franceses -en la calle Dels Drets- que vendían tejidos, blondas, encajes y quincalla fina; en la de los Hierros de la Lonja los mercaderes suizos y alemanes, expendedores de quincalla barata; y en la de La Bolsería, genoveses y malteses, que monopolizaban el comercio de lienzos.

La plaza del Mercado se convirtió en centro neurálgico de la vida ciudadana, que despertaba con el alba, cuando llegaban los carros de las huertanas bien repletos de hortalizas y frutas; y se levantan aquellos puestos de madera y lona limitados por capazos de esparto. Allí acudían los marinos genoveses y catalanes; las damas y sirvientas; caballeros y celestinas; ladronzuelos, ciegos que cantaban gozos de santos y horrorosos crímenes; frailes, soldados, estudiantes y todo aquel que deseaba participar del espectáculo.

Era la plaza de las fiestas, de los pregones y de los ajusticiados. Como contrapunto del bullicio aparecía, a veces, el cortejo presidido por el verdugo y acompañando al reo iban los clérigos exhortadores y los cofrades de Nuestra Señora de los Inocentes y Desamparados. La Cofradía solicitó de la Justicia recoger el cadáver del condenado.

Según las crónicas, la instalación de la horca es anterior a 1409. Orellana la describe de piedra picada y situada en medio del Mercado, frente a la Lonja. En 1599 se derribó, ya que con motivo de los festejos celebrados en honor de las bodas de Felipe III y la Archiduquesa de Austria, allí se colocó un acro triunfal. Después se construyó una nueva horca y en 1622 se demolió para el faustuoso recibimiento de Felipe IV. A partir de esa fecha la horca se alzaba únicamente cuando se ajusticiaba; y en ella fue ejecutado José Romeu y Parras, el Palleter, por haberse levantado en armas contra los franceses.

Lugar preferido, también, para la concentración festiva, la plaza del Mercado fue marco de brillantes ejercicios ecuestres y torneos. Se instalaban barreras y tablados, ondeaban gallardetes y de los balcones y ventanas pendían colchas, terciopelos y damascos.
Enrique Cock, en su libro «Relación del viaje hecho por Felipe II en 1585 a Zaragooza, Barcelona y Valencia», describe con minuciosidad las corridas de toros y las justas, en las que los caballeros se arrojaban cañas y cambiaban caballos siguiendo la antiquísima costumbre usada por los árabes, para obtener el favor de damas y doncellas. Torneos que aún serían superados por los que acontecieron con motivo de las bodas de Felipe III.

En el Mercado, las corridas de toros continuaron hasta 1743; año en que se trasladaron como consecuencia del accidente que provocó la caída de una de las almenas de la Lonja, arrancada por las cuerdas que sostenían el toldo de la plaza; suceso en el que murieron varios espectadores.

El Mercado Nuevo, conocido también como el de Los Pórticos que, inagurado en 1839, comienza a ser insuficiente y acusa malas condiciones en las últimas décadas del siglo.
La campaña desencadenada en la prensa criticando su situación y el auge de una sociedad claramente burguesa que aspira a la demostración de su bienestar, contribuyen a que el Ayuntamiento tome la decisión de construir un gran mercado totalmente cubierto.

Siendo alcalde Justo Ibáñez Rizo, en 1910 se convoca un concurso eligiendose el proyecto de los arquitectos Alejandro Soler March y Francisco Guardia Vial. Ambos se habían formado en la Escuela de Arquitectura de Barcelona y habían trabajado en el equipo de colaboradores de Luis Doménech Montaner, arquitecto que se caracterizó por un estilo propio dentro de las líneas del modernismo.

Alfonso XIII protagonizó el acto protocolario con que se iniciaron los derribos. El 24 de octubre de 1910, con una piqueta de plata dio varios golpes en el muro del número 24 de la plaza del Mercado.

Los derribos fueron lentos, se acumularon dificultades de toda índole y las obras parecían eternizarse. El solar en el que se asentó el Mercado Central -más de ocho mil metros cuadrados de superficie- abarcaba el del Mercado Nuevo, tres manzanas con 42 casas, calle de las Magdalenas, parte del Molino de Na Rovella y del Conde Casal. Por fin, dieciocho años después del golpe de la piqueta, el 23 de enero de 1928, se inaguraba el grandioso Mercado; y, como lo exigía el paternalismo de la época, en sus naves se dio una comida extraordinaria a más de dos mil pobres, servida por jóvenes de la élite social.

La espectacularidad del Mercado Central no rompe la estética de la plaza donde destacan la Lonja y los Santos Juanes. Es, indudablemente, el edificio más representativo de Valencia a principios del siglo XX; el de la ciudad que avanza en el progreso y se siente orgullosa del potencial agrícola de su huerta; sentimiento que se trasluce en la ornamentación cargada de fantasía alegórica.

El lenguaje expresivo predominante fue el del modernismo, aunque también se advierten elementos historicistas y novecentistas. Resulta difícil realizar una valoración arquitectónica del Mercado Central o calibrar su grandiosidad a través de las cifras. Exactamente, ocupa una superficie de 8.160 metros, dividida en dos zonas o polígonos; el primero de ellos es irregular, con una superficie de 6.760 metros cuadrados; y el otro, octogonal, destinado a la pescadería, tiene una extensión de 1.400 metros cuadrados. El sótano es de 7.690 metros cuadrados; se dedicó a la subasta del pescado y actualmente lo utilizan los vendedores para aparcamiento.

Las cúpulas, de hierro, cristal y cerámica (la central alcanza los 30 metros) y las veletas que las coronan: la de la cotorra y la del pez, se integran a una panorámica paisajística de torreones y campanarios eminentemente valenciana.

La distribución del interior es racional y perfecta, de manera que los puestos se sitúan a lo largo de una serie de calles rectilíneas atravesadas por dos anchas vías. Se concibió para 959 puestos, formados en la zona general por tiendas altas cerradas para carnicería, tocinería, ultramarinos y quincalla; tiendas bajas para venta de patatas, legumbres, verduras, frutas y gallina; tiendas altas abiertas para venta de pan, volatería, carne y caza, existiendo en la pescadería tiendas altas para venta de salazones y despojos, y tiendas bajas para pescado.

Los dos pabellones que flanquean el acceso principal están construídos enteramente en ladrillos visto, con aplicaciones de piedra y de cerámica decorada; mientras que el cuerpo anexionado de Tenencia de Alcaldía sigue la construcción de influencia novecentista y queda rematado por torretas coronadas por pequeñas cúpulas semiesféricas.

El hierro, el ladrillo, la piedra de Buñol, el mármol, azulejos y mosaicos fueron los materiales empleados en la construcción del Mercado Central, considerado como uno de los más bellos de Europa y máximo exponente para conocer la idiosincrasia del valenciano.

Agrupa a casi 400 pequeños comerciantes, movilizando en la actividad diaria a 1.500 personas. Es el mayor centro de Europa dedicado a la especialidad de productos frescos; y el primer mercado del mundo que ha afrontado el reto de la informatización de las ventas y distribución a domicilio, desde el día 2 de octubre de 1996.

No hay autocar de turista que, aunque no pernocten en Valencia, si han de cruzar el término de la ciudad, dejen de visitar el Mercado Central. Conviene perderse por sus calles, admirar la policromía de las frutas, sentir el murmullo de las voces de la gente que habla y ríe; percibir los olores de la calabaza asada, de las naranjas, del apio y las alcachofas; de los hornos, de las hierbas y especias, a las que es tan dada nuestra cocina; especias que ya recibíamos de Oriente a través de la ruta que pasaba por Venecia y Nápoles en el siglo XV.

Fuente: Resumen de lo publicado en  http://www.mercadocentralvalencia.es

  1. Juanma

    Muy interesante Marina, ya sabes lo que me gustan estas cositas, gracias.

    Yo lo he visitado en mi última visita a Valencia, aproximadamente hará dos años y me gustó mucho, pero no conocía su historia.

    Besos

    • Me alegra que te guste Juanma, un poquito de historia de vez en cuando no va mal.
      Lástima que no tenga fotos de los puestos, la próxima vez que vaya tomaré unas cuantas y las editaré para que las veas.
      Un besito

  2. Carmen

    Otra vez felicidades por este tipo de artículo.
    Será precioso añadir fotos de los puestos y sus curiosidades.
    Lo he dicho ya en el otro artículo, pero es que !Disfruto un montón en el mercado de Valencia! y considero que soy una afortunada por poder ir con cierta frecuencia.
    Me gusta ir a los mercados de los lugares que visito y reconozco que éste reune muchas características que no todos reunen: bonita arquitectura, distribución de los puestos y mucha mucha oferta.

    • Hola Juanma,
      Ya se que te gustan los mercados y también que pasaste por el Mercado de la Boquería de Barcelona, el otro mercado favorito mío!
      Espero poder hacer algún monográfico sobre él y te pediré prestadas tus fotos jaja.
      Besos

      • Juanma

        Se que te debo unas fotos, pero no he estado mucho en casa los últimos días.

        Este fin de semana te mandaré esas y algunas más que no conoces.

        Besos

  3. Mario

    Es uno de los mejores mercados, por no decir el mejor, que conozco y seguro que si estuviera a cientos de Km. lo visitaria mas, como hago cuando voy a Barcelona; si no me doy la vuelta por La Boqueria es como si no fuese a Barna, jeje

    Muchas gracias por el resumen.

  4. nitoska

    Pues gracias Marina, yo no conocia el mercado de Valencia , y aunque no he estado nunca ahora ya puedo decir que lo conozco un poco , me ha gustado leer su historia.
    Un petó

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